Unos ojos enfermos ven la luz
en lienzo tan recio y de grano fuerte,
y se hace pasión última la cruz
que entre rosas de sangre les da muerte.

Esa luz, que en el cuadro se derrama,
trae un aura generosa de jazmines
intactos a la carne de la dama,
traspasada de todos los jardines.

Lo que tiene de nardo su figura
y la gracia infinita con que apura
el agua que se siente resbalar,

se dijera sereno ofrecimiento
de un Pintor sabio que busca escalar
los sueños de oro de su sentimiento.

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