Miran, miramos, miran y no sabemos nada,
si es castigo, si agonía o es un triste sino,
si símbolo de traición o de fatal camino,
enterrado en vida y con la muerte engalanada.

Busca el ávido hocico la flor de la alborada,
ansía aún la lluvia disuelta en el espino,
que el viento aviente la frágil duna con buen tino
y venga un caminante aunque al fin de su jornada.

¡Oh los contempladores y críticos sagaces,
cuán en silencio están vuestros muy gastados juicios
y cuánta idea estética aquí ha quedado muerta!

Cual vilano en julio sediento entre montaraces
cardos rueda y sosiega nuestro jardín de vicios,
así este perro espera a un amo que abra la puerta.

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