Calor de Agosto murciano.
Tras de la ventana de mi cuarto, el sonar monótono y monorrítmico de las cigarras.
No hay color. Todo se diluye en la porfía neblinosa, sin dintornos, del reverberante resistero.
Al fondo, acaso, lejos, se oye como tímidamente el relincho de un caballo en su cuadra.
La yerba del tablar contiguo está sequiza, marchita. Algún cardo silvestre da su flor al viento, y el vilano entonces molinetea bajo la higuera vieja, en la cochera, por los patios.
La alameda de moreral está más en silencio que nunca y aquella abubilla del otro día no se atreve a asomar por ninguna parte.
Me arrebujo, en el trabajo gustoso de los Bibliófilos… Hoy estoy con Luis Usoz y Río.
