Se han aposentado por aquí tardes tibias, hondas, que dilatan todos los sentidos, insuficientes sin embargo para enteramente aprehenderlas. Llevan silencios, luces, aromas indescriptibles. Transportan colores y hasta cánticos que se ponen en correspondencia con el espíritu.

Sólo falta, para la felicidad total hacia el Domingo de Ramos, que la abubilla del otro día vaya por cualquier sendero horadando la tierra con el buido puñal de su pico corvo; que con su traje versallesco acendre la gloria de los naranjales en flor, que con su delicadísima timidez constate lo peligroso y fugitivo de la vida.

Abubilla

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