Esta de hoy en día no quiere soltar amarras con su leyenda negra ni se ha disfrazado de moderna para redimirse de las maromas que la ceñían, como a Ulises, al mástil de la fascinación, ni siquiera pinta como la España de Valdés Leal, de Verhaeren y Regoyos o de Solana. No. Es cual la de las guerras civiles, con odio incicatrizable entre hermanos. La de los barrios repletos de prostitución, de mugre y de desconfianza. La de los rateros y chorizos a porfía. La de los crímenes por venganza. La del paro y la vejación. La del asesinato de niños. La del obsesivo separatismo. La de la incultura. La del machismo. La de la insolidaridad. La de la zafiedad. La de la descreencia. La de la máscara y el carnaval. La de la cháchara y contumelia. La del regateo. La del que tira, al paso, al suelo cuanto le estorba. Ésta es la España que veo y me duele.
