Releyendo El Cristo de Velázquez, de Unamuno, considero estos versos:

y a tu lumbre…………….
los mármoles helénicos cobraron
nueva luz, y a los dioses del Olimpo
los vimos a la busca de tu padre:
Homero de la mano de Isaías,
Sócrates con Daniel buscando al hombre.

Y noto en su sazón, compendiada, la idea del gran artista sevillano: que no hay dios clásico que alcanzar pueda la plenitud de belleza del cuerpo que concibiera, pues él solamente puede imaginarlo muerto y todopoderoso al mismo tiempo. Hay en Jadraque un Cristo flagelado recogiendo las vestiduras, obra maestra de Zurbarán, allegable al de Velázquez en su serena majestad divina. También sin sangre, difuminada en la sombra de su espalda, pues para sobrecoger al contemplador no hacen falta teatralizaciones de énfasis ni violencias de extremosidad. Más que lo patente, lo susurrado; antes que el estertor y la angustia, la eutrapélica contención ideal.

Deja un comentario