A raíz de la edición privada del Epistolario de Rosales dije a familiares y a unos pocos amigos muy dilectos que se acabó lo del editar particularmente : venero de deudas, manantial de desasosiegos pecuniarios, manojuelo de regalos sin cuento, enfado de la mujer y de los hijos…

Naturalmente, este apartamiento del libro impreso supondría en mí sequedad espiritual, contendrá desazones innúmeras, albergará tristezas y pesares. Siempre me acordaría de aquella autodefensa de Don Juan Manuel en el Libro Infinido :

Et pienso que es mejor pasar el tiempo en fazer libros, que en jugar los dados, e fazer otras viles cosas.

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