¡Oh y con cuán poca presura, Septiembre, te me vienes y abrazas y coronas con tus pámpanos y racimos morados, con tu sol melado de siglos de silencios, con tu aire ya fino de ventalles calmos, con tus leves trajines nuevos de vuelta del estío, con tus novedades sin ser mutaciones aún, con tus sorpresas de fiesta, con tu Virgen de la Fuensanta en una romería no multitudinaria! Gracias, gracias mil te sean dadas por tu oreo de huertos, por tu perfiladura definitiva de cipreses verdeazulados, por tu agua más clara de pozal, por tus noches de huríes sin velo…

¡Septiembre, bendito seas!

Racimo de Uvas.

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