Una de las entradas (la 155) del “Diario I” de Paul Klee es harto significativa así de la época juvenil como de su etapa creativa de madurez: “Tanta sustancia divina (escribe) está en mí acumulada que no puedo morir. Mi cabeza arde como para estallar. Quiere nacer uno de los mundos que ella alberga. Y ahora he de sufrir antes de llevar a cabo la tarea.”
Confieso que leo estos “Diarios” porque la obra pictórica de Klee me ha interesado mucho desde siempre.
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De nuevo el Diario de Klee, sobre su proceso creacional :
“Conmigo, el color sólo ornamenta la impresión plástica. Próximamente haré la prueba de transformar directamente la naturaleza en mi actual capacidad plástica. Se trabaja con mayor libertad cuando no se sigue una disciplina, pero es fácil abandonar una moral un poco más rigurosa. O para decirlo sin rodeos: lo que sufre es la exactitud. Nunca quiero tener que reprocharme que dibujo mal por mera ignorancia.”
Desconcertante, en verdad, esta afirmación tras de visitar la Galería Pitti :
“El colorido de Ticiano generalmente no me dice gran cosa, es más sensual que espiritual”.
Abundando al respecto en el “Diario III” : “Ticiano se ha echado a perder casi siempre hacia un amarillo uniforme”.
Y guardando mayor fervor por Goya :
“Hermosos matices de gris a negro (en el Louvre), interrumpidos por acentos color carne como delicadas rosas”.
Y por Zuloaga (“Mis tres primas”, Louvre): “Pintura de tonos profundos…”.
Y por Casals :
“En el quinto concierto sinfónico tocó Casals, uno de los músicos más maravillosos que ha habido en el mundo. El sonido de su cello es de una conmovedora nostalgia. Su fraseo no tiene límites. A veces hacia fuera, saliendo de las profundidades, a veces hacia dentro , bajando a ellas. Al tocar, cierra los ojos, pero su boca interrumpe un poco esta paz”.
Y por Cervantes:
“Leí otra vez algunos pasajes en mi libro de cabecera, el Don Quijote de la Mancha”
