Voy a ver, un año más, las incomparables efigies de Francisco Salzillo que procesionan por las calles de Murcia. Junto a mí el Pintor y amigo Gonzalo de Amarante.
En “La Cena”, asombrados ante las actitudes de las manos de los Apóstoles. En la “Oración en el Huerto”, el Ángel de la Parusía estética, más allá de cualquier férreo canon, pero cuyos orígenes no pueden cifrarse si no se mira a la estatuaria griega. En “El Prendimiento”, la mirada de Jesús al traidor, entre comprensora, misericordiosa y denigrativa. En “Los Azotes”, la delicadísima figura del Nazareno, que junta con elegancia exquisita el dorso de sus manos. En “La Caída”, el óvalo perfecto de las figuras moviéndose en convulsa sincronía hasta semejar un instante cruel de la Pasión…
