Se entra el mes de las flores y de las Cruces y allá en los patios de Sevilla se bailará de nuevo, tras del gustoso cansancio de la Feria y sus Casetas del Real. España siempre está en fiesta, necesita de la fiesta, anticiparla cuando no la tiene, siquiera sea con el pensamiento. Es el sino de la raza hispánica, quijotesca. Es tan absurda y tan lenta la marcha de los días iguales que precisamos se metamorfosee en una parada nupcial constante. No Aldonzas Lorenzo, Dulcineas del Toboso. No molinos de viento, gigantes. No bacías de barbero, yelmos de Mambrino.

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Y, ya puestos, festejemos más bien, como hacen en Madrid, aquel 2 de Mayo funesto y glorioso a un tiempo mismo para nosotros. Si los ingleses recuerdan constantemente con su “Trafalgar Square” dicha efeméride, recordemos también aquí aquel 2 de Mayo (a una plaza, con unas rosas) que con su genio o capacidad inmortalizaron en sus lienzos Francisco de Goya o Vicente Palmaroli.

Enterramientos de la Moncloa el día 3 de Mayo de Vicente Palmaroli.

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