He visitado las pocas casetas que componen en Murcia la pomposamente y mal llamada “Feria del libro antiguo y de ocasión”, pues que éstos aparecen en ella en una mínima parte. Los libreros de viejo se pasan sin remedio a vender libro nuevo, porque aquí se halla la demanda general. Los bibliófilos vamos desapareciendo como especie por extinguir.
Con todo, y rebuscando mucho, pero mucho, he logrado adquirir un par de joyitas: un ejemplar de “La Golondrina”, de Enrique Menéndez Pelayo, novelita premiada en la “Biblioteca Patria”, y otro de los “Poemas” de Hölderlin en versión castellana de Luis Cernuda y Hans Gebser, publicado en México (Editorial Séneca, “El Clavo Ardiendo”) en 1942 bajo la dirección tipográfica de Emilio Prados.
(Por cierto, y dicho sea entre paréntesis, Cernuda siempre se quejó – así, en carta a Octavio G. Barreda – de los varios errores de lectura y no pocas faltas de dicción que en aquella edición había. Por ejemplo: en el poema “Mitad de la vida” (“Hälfte des Lebens”) el verso final (“Klirre[n] die Fahnen”) aparece traducido como “Restallan las banderas”, cuando la traducción correcta sería “Crujen las veletas”.)
En cualquier Feria o mercadillo de libros, con paciencia y tesón, si no se encuentra lo que se busca, sí se busca lo que se encuentra.









