Cigarras y vilanos,
compendio del verano.
Aquéllas ya sierran en el aserradero de sus élitros su melopea monótona. Las siestas, con ellas, son en verdad tales. Adormecen más con su acompasado sonar. Dan al propio ritmo su asiento y razón, su embeleso. Estrangulan con cíngulo de modorra todo latido que de afuera provenga. Exculpan la desidia, la pereza, la incuria. Chabacanean en el fango del proselitismo.
Los vilanos, aunque rueden, tienen aquel mismo espíritu. Su demasía es aparecer y desaparecer. Se quedan , no obstante, en cualquier rincón del patio ; quieren como venir a la mano, pero se excusan y marchan un poco más con aparente aliento lírico. Prefieren fenecer entre los pétalos ya marchitos del rosal de pitiminí ; en el agua jabonosa caída de la pila ; entre los ramos prietos y densos del cipresal ; en las calenturientas hojas de la higuera centenaria…
Dais, unas y otros, sazón y sentido, con cuanto se repite, al ciclo de la vida.







Una obra de Ramón Gaya.
